Periodismo y golpe de Estado en Paraguay

paraguay-golpe-2Julia Varela y Federico Larsen analizaron el proceso del golpe de Estado en Paraguay desde las experiencias de los periodistas que debieron relatarlo y cuentan los desafíos de quienes intentaron resistir desde las redacciones.

El 21 de junio de 2012 se llevó a cabo el juicio político que corrió a Fernando Lugo de la presidencia de Paraguay y puso en su lugar a su vice, el liberal Federico Franco. El gobierno de facto duró un año, hasta que en abril de 2013, fue electo el actual presidente de la República, Horacio Cartes.

En un país donde el 98 por ciento del espectro radioeléctrico está en manos de diez personas, que también poseen cadenas de supermercado, constructoras y explotaciones sojeras –principales beneficiarios de las políticas económicas de Franco–, es necesario reflexionar sobre el rol que jugaron los periodistas de los distintos medios en ese proceso.

Un ámbito, el de los trabajadores de prensa, donde se elaboraron pequeñas y grandes formas de resistencia al golpe en un clima doblemente hostil. Según un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), antes del golpe el 65,5 por ciento de los trabajadores de prensa del Paraguay estaba en la informalidad. Ya en 2008, el 53,8 por ciento de los periodistas del país había sido censurado al menos una vez en su producción periodística, y el 90 por ciento había practicado la autocensura, según el Sindicato de Periodistas del Paraguay.

Estructura oligopólica dominada por el capital privado, precariedad laboral y levantamiento del orden democrático fue el cóctel donde se gestó la resistencia desde el periodismo al golpe contra Lugo. Su epicentro, la Televisión Pública Paraguay, donde sus trabajadores se atrincheraron por varios días junto con centenares de ciudadanos de Asunción para evitar el cierre y cambio de programación de la emisora. Marcelo Martinessi, su director en ese momento, aseguró que la TV Pública “movió un montón de instancias de participación que estaban dormidas”. Se puede decir que se da “una apropiación del Estado por parte de la ciudadanía”.

Basada en un proyecto que sus creadores definen como “enfoque de derechos”, la TV Pública fue denostada desde su aparición en el mapa mediático paraguayo por la mayoría de los medios privados del país. “Tenían miedo de que hubiese un Aló Presidente con Lugo”, explicó Martinessi, a la vez que subrayó la importancia de ese proyecto de constitución de la emisora, que se convirtió en el símbolo de la resistencia contra el gobierno de Franco.

Pero, la primera reacción de la mayoría de los periodistas del país fue el silencio. “Los que de alguna manera tomamos la postura de no prestarnos a lo que estaba sucediendo debimos replegar”, explicó Paulo López, ex periodista del diario ABC Color, el de mayor circulación del país. “En lugar de trabajar en esa campaña de legitimación del golpe en un momento nos llamamos al silencio.” Los medios hegemónicos intentaron desde un primer momento presentar al golpe como una normal transición en el marco de la democracia. Pero algunos de sus trabajadores lograron “colar” sus notas, reportajes o simples frases para intentar quebrar el discurso oficial: una actitud que tuvo fuertes consecuencias. El SPP registró –solamente en los primeros meses del golpe– 45 despidos de comunicadores. La TV Pública fue totalmente vaciada y sus trabajadores aún están peleando en la corte el reconocimiento de los motivos ideológicos detrás del despido.

“Aquellos que no encontraban espacio para manifestarse en sus medios, adonde estaba ganando una voz distinta o un discurso distinto, lo hacían a través de otro medio, por las redes sociales o aportando datos y compartiendo noticias con los medios alternativos”, explicó Santiago Ortiz, secretario general del SPP.

Existieron varios factores que le dieron fortaleza al proceso: los comunicadores no pudieron prescindir del apoyo de medios comunitarios, alternativos y populares, desligados de la lógica empresarial o estatal, ni tampoco de la resistencia que los movimientos sociales llevaron adelante en las calles, de la que también ellos fueron parte. Pero, principalmente, debieron fortalecer la organización, no de manera aislada, sino con toda la ciudadanía: una enseñanza que todos los periodistas latinoamericanos deberíamos mantener en nuestras prácticas cotidianas.

http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-241088-2014-03-05.html

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