Vuelve el pacto colorado-liberal como en el golpe contra Lugo

18-anibal_carrillo_2Por Federico Larsen. A dos años del golpe de Estado parlamentario que derrocó a Fernando Lugo, el presidente del Frente Guasú, Aníbal Carrillo, dialogó con Miradas al Sur acerca de lo que dejó ese proceso y la actualidad paraguaya.

El pasado martes, el actual presidente del Paraguay, Horacio Cartes, cumplió 10 meses de mandato y realizó su primera rendición de cuentas ante el Congreso. El acto se dio en un clima enrarecido. El Partido Colorado, que llevó a Cartes al poder, había recientemente perdido su hegemonía en el legislativo, y debió recurrir a una nueva alianza con el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) para sostener la gobernabilidad del país. “PC y PLRA compiten electoralmente, pero acuerdan siempre en términos de conservación de los privilegios que tiene una enorme casta oligárquica en el país”, explicó el secretario general y ex candidato a presidente del Frente Guasú, Aníbal Carrillo. “La representación oligárquica conservadora está claramente expuesta en ambos partidos. Han sido siempre operadores políticos, en términos de lograr un control social tanto bajo formas dictatoriales, tanto con Stroessner, como bajo formas de apertura democrática”.
Carrillo fue uno de los protagonistas del proceso político que unió a la mayoría de los partidos y movimientos sociales de la izquierda paraguaya bajo la candidatura presidencial del ex sacerdote Fernando Lugo en 2008. Es allí que el FG comenzó a dar sus primeros pasos en la política institucional, y gracias a un acuerdo con el PLRA que definió a Federico Franco como vicepresidente de Lugo, lograron sacar del poder por primera vez a los colorados que gobernaron el país durante más de 60 años. Pero el 22 de junio de 2012, colorados y liberales volvieron a acordar para promover el golpe parlamentario que en menos de 48 horas destituyó a Lugo y puso a Franco en su lugar.
“Este pacto colorado-liberal es de cúpula, pero con mucha organización y muchos recursos, y con vinculación con las instancias de control económico del país, y ha tenido una actualización y renovación a partir del golpe de 2012”, explicó Carrillo. “Hoy cierran la fisura que se había constituido a partir del gobierno de Lugo, donde una gran voluntad de cambio de la ciudadanía se expresó con su elección en 2008 y se continuó expresando a través de un gobierno que abrió puertas participativas, que estableció límites al poder arbitrario de la oligarquía económica en términos de controles ambientales y de tenencia de la tierra. Y que abrió al Paraguay a un proceso de integración diferenciado al que había sido bajo los gobiernos colorados, salvo la última parte del gobierno de Nicanor Duarte Frutos donde también se había visto una apertura hacia los gobiernos progresistas de América latina”.
El derrocamiento fue, como se reveló posteriormente, el último de 24 intentos fallidos que las fuerzas tradicionales con mayoría parlamentaria habían intentado. Según se puede leer en algunos cables filtrados por Wikileaks, desde 2011 la embajada norteamericana conocía las intenciones de derrocar al presidente electo, y describían el proceso tal como se dio un año más tarde. La excusa fue dada por la Masacre de Curuguaty, donde 11 campesinos y 6 policías murieron durante el desalojo de una finca ocupada. “Ese fue el elemento detonante para producir un shock social y político que pudiera dar cobertura al golpe parlamentario. Porque no existían condiciones en Paraguay para semejante acción. La masacre fue parte de un montaje que tendía por un lado a desanimar y demostrar que la lucha campesina tendría una durísima represión, y al mismo tiempo sirviera de detonante para implementar el juicio parlamentario”, explicó carrillo al respecto. Los campesinos reclamaban la inclusión de la finca en la lista de terrenos “malhabidos”, es decir de ese 32% de territorio cultivable que el dictador Alfredo Stroessner entregó a los amigos del poder y que el gobierno de Lugo estaba expropiando. Pero según la fiscalía, esas tierras pertenecían al empresario Blas Riquelme, ex presidente del Partido Colorado e influyente político local.
“A partir de ahí se da una resistencia que ha tenido una articulación política débil, porque el Frente Guasú no ha tenido la capacidad ni el tiempo para consolidarse como una fuerza política unitaria, frentista, con unidad de acción, y donde la multiplicidad de partidos no ha tenido una coincidencia en como encarar este proceso. Algunos priorizaban el aspecto electoral, otro priorizábamos la necesidad de construir un frente de resistencia amplio, creciente y sostenido en contra de lo que ha sido el avasallamiento de la voluntad popular y la ruptura del proceso democrático en nuestro país”.
El gobierno de Franco aminoró considerablemente las posibilidades de retorno al poder de la izquierda. Lugo y el FG cuando fueron destituidos contaban solamente con 2 de los 80 diputados nacionales y 3 de 45 senadores. Colorados y liberales volvieron a enfrentarse en elecciones el 21 de abril de 2013, luego de nueve meses de gobierno de Franco, marcado por denuncias de corrupción y el aislamiento internacional.
“El gobierno de Franco y el de Cartes tienen enormes similitudes en términos de políticas económicas y en cuanto a su ejercicio del poder. En primer lugar, la persecución a la gente que dentro del Estado tiene una ideología o un pensamiento político diferente. Franco inició una gran persecución que hoy continúa con Cartes y que ha sido la tradición política en su faceta conservadora en nuestro país. Por otro lado, en cuanto a la política económica, se tiende al endeudamiento creciente de nuestro país y a una restricción de los gastos fiscales en áreas clave, como las políticas sociales. Esto hace que millones de paraguayos sigamos alimentando a una pequeña oligarquía, que pide rutas, que pide caminos, que pide seguridad para sus empresas y para los enormes latifundios privados en nuestro país, pero que no contribuye absolutamente con el pueblo en el Paraguay. Esta política económica genera evidentemente una mayor concentración, tanto para el capital transnacional como para la oligarquía cómplice que acá facilita la entrega de nuestros recursos y nuestras riquezas, hace que tenga que haber una política de recrudecimiento de la persecución hacia los luchadores políticos y sociales, que es otro aspecto común en los gobiernos de Franco y Cartes.”.
Sin embargo, Carrillo confía en que es posible en Paraguay construir una oposición con vocación para volver al poder. “Estamos en la búsqueda de un consenso creciente en la sociedad paraguaya a través de la conformación de un frente político y social, que ha tenido ya expresiones relacionadas con la huelga general de marzo, la celebración del primero de mayo y todo lo que ha sido el movimiento alrededor de la celebración de la asamblea de la OEA, y que hoy tiende a consolidarse como una instancia de encuentro y articulación de lo político y lo social. Paraguay está preparado, necesita avanzar hacia un cambio real genuino de las estructuras desi­guales, corruptas y polítiqueras que hoy predominan. Pero eso sólo lo lograremos con una mayoría transformadora. El FG y las fuerzas progresistas democráticas han de encontrar también el camino correcto para unirse y reformular con claridad el nuevo proyecto que el Paraguay necesita y al mismo tiempo afianzar una organización política que nos permita disputar efectivamente el poder con los dos partidos tradicionales hoy hermanados”.
Y en cuanto a la visión internacional del futuro del Paraguay, el ex candidato a presidente aseguró que “tenemos como norte esa Patria Grande soñada y planteada hace ya 200 años. Esa Patria Grande debe ser construida con mucho intercambio comercial, mucha integración económica y mucha complementación y un alto sentido de justicia en los países, las regiones y las subregiones que constituyen América latina. Este proyecto de una Patria Grande justa y solidaria evidentemente tiene un proyecto enfrentado, que está basicamente dirigido por los Estados Unidos, y que es ver a América latina siempre como una versión subalterna a sus intereses económicos y subordinada políticamente. Esos dos proyectos también están confrontados en el Paraguay. Uno de ellos está claramente encarnado en Horacio Cartes y Blas Llanos, la dupla de poder dominante. Y la otra, la de la Patria Grande, encarnada en el FG y las demás fuerzas progresistas y democráticas de nuestro país”.

http://sur.infonews.com/notas/vuelve-el-pacto-colorado-liberal-como-en-el-golpe-contra-lugo

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