“Honduras es un laboratorio del neoliberalismo”

Frente-Nacional-de-Resistencia-Popular-680x365El pasado 28 de junio se cumplieron cinco años del golpe de Estado en Honduras que derrocó al presidente Manuel Zelaya. En ese contexto L’ombelico del Mondo, programa internacional de Radionauta, entrevistó a Gilberto Ríos Munguía de la Dirección del Partido Libertad y Refundación y el Frente Nacional de Resistencia Popular.

El 28 de junio de 2009 se llevó a cabo un golpe de Estado en Honduras que derrocó al presidente constitucional Manuel Zelaya. Rápidamente el golpe fue legitimado por el Congreso y la Corte Suprema del país con mayoría conservadora.

Zelaya, quién había llegado a la presidencia a través del Partido Liberal, había virado su política acercándose a la Revolución Bolivariana de Venezuela y los distintos mecanismos de integración latinoamericana. A su vez, pretendía realizar una reforma constitucional para cambiar el carácter neoliberal de la carta magna hondureña. Esto le valió que las Fuerzas Armadas lo derrocaran del gobierno.

Sin embargo, el año pasado en las elecciones presidenciales, el partido Libertad y Refundación (LIBRE) fundado por él, llevó de candidata a presidenta a su esposa Xiomara Castro quién salió segunda en medio de unos dudosos comicios que proclamaron triunfador al Partido Nacional.

El pasado 28 de junio se cumplieron cinco años del golpe de Estado y de este proceso de resistencia que se ha materializado en nuevas formas de organización política. En ese contexto desde L’ombelico del mondo, el programa internacional de Radionauta FM 106.3, dialogó con Gilberto Ríos Munguía de la Dirección de LIBRE y el Frente Nacional de Resistencia Popular.

– A cinco años del golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya, ¿cuál es el balance de la resistencia gestada estos años y la conformación de herramientas políticas y sociales como las que vos integrás?

– Yo soy miembro del Frente Nacional de Resistencia Popular que creó el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) y soy parte de la dirección del partido.

Actualmente tenemos una bancada que representa a la tercera parte de las fuerzas del Congreso y tenemos presencia en el 10% de las alcaldías a nivel nacional. Un número importante para un partido que tiene solo un par de años.

Cumplimos cinco años de habernos fundado como Frente Nacional el 28 de junio y lo más importante es que hemos dejado estas dos instituciones como referentes principales, una de la movilización popular -el Frente Nacional- y el otro de la opción político electoral -el Partido LIBRE-. Como parte de una estrategia del sector democrático, progresista y revolucionario de Honduras para enfrentar al sistema neoliberal que se está implantando con mucha fuerza en nuestro país después del golpe.

Vemos como muy positiva la construcción de conciencia y de la estructura orgánica tanto del partido como del frente en todos los municipios y departamentos del país porque esto en Honduras era impensable antes del golpe de Estado. Era un país muy conservador donde las únicas opciones políticas que existían eran de derecha y vivíamos en un bipartidismo.

El Partido Liberal y el Partido Nacional, son ambos neoliberales y representan a la misma oligarquía de pocas familias que controlan el 90% de la economía del país. Además la mayoría no son hondureños por lo que hay un desarraigo bastante importante y no tienen ningún aprecio por esta patria.

Así que enfrentamos una oligarquía bastante consolidada, apoyada por Estados Unidos y bastante servil a los intereses norteamericanos y de las transnacionales. Pero ahora tenemos dos herramientas, el partido y el frente, para enfrentar esta situación.

Además es una respuesta del proceso de construcciones populares que se han dado en América Latina. Vivimos los mismos debates de cómo enfrentar al sistema capitalista y sobre todo su modelo neoliberal.

Pues Honduras es importante para América Latina porque estamos viviendo como en un laboratorio de punta del neoliberalismo pero estamos construyendo y estamos aprendiendo para derrotarlo.

– Cuando fueron las últimas elecciones presidenciales en Honduras se había hablado de un manoseo sobre los resultados electorales que perjudicó a LIBRE ¿en qué quedó todo eso y como sigue el desarrollo de la izquierda hondureña?

– El 24 de noviembre tuvimos elecciones presidenciales. El partido tenía poco más de un año de inscripto cuando nos sometimos a elecciones y nos convertimos inmediatamente en la primera fuerza política del país. Pero el Tribunal Superior Electoral, que ocultó más del 30% de las urnas y las actas en el proceso de conteo, declaró al candidato del Partido Nacional como presidente de la república.

A nosotros nos nombró como la segunda fuerza política. No reconocimos esos resultados y demandamos en las instancias nacionales e internacionales pertinentes. Sabíamos que eso no iba a ir más allá pero teníamos que cumplir con ese requisito ético y moral de demostrar que habíamos ganado las elecciones. En ese sentido en términos históricos es muy fuerte el avance que hemos tenido.

No estábamos satisfechos con lo que habíamos logrado el 24 de noviembre porque ganamos las elecciones y no se reconoció el triunfo, pero todas las demás fuerzas políticas (como el caso del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador que estuvo más de 16 años peleando por llegar al gobierno) reconocían en nosotros que habíamos capitalizado al máximo nuestras posibilidades.

Hay una cosa importante para destacar que es que la embajadora norteamericana estuvo en el interior de las oficinas del Tribunal Superior Electoral el día de la elección desde las 11 de la mañana hasta las 10 de la noche cuando prácticamente se había certificado el fraude. O sea que la presencia norteamericana y el imperialismo es muy evidente.

Según informes del Departamento de Estado, luego del golpe contra Manuel Zelaya, más del 90% de la cocaína colombiana que es exportada transita por territorio nacional hacia Estados Unidos. Es decir que somos un enclave del narcotráfico que, sabemos, controlan los norteamericanos.

Aquí también había una base militar histórica estadounidense, la de Palmerola, que es donde se aplicó la contrainsurgencia contra Nicaragua y también contra El Salvador. Después del golpe de Estado se han instalado dos nuevas bases militares, en la costa del Caribe, que es justamente donde transita más la droga. O sea que hay un control militar del narcotráfico y por eso para ellos mantener el control de Honduras es tan importante en su lógica geopolítica y militar.

– En las últimas semanas nos hemos enterado de distintos casos de conflictividad social en Honduras como la matanza de menores por un lado, supuestamente perpetradas por las maras, y también la represión a militantes sociales. ¿Cuál es tu visión al respecto?

– Nosotros hacemos denuncias permanentes a las violaciones sistemáticas a los derechos humanos que hace el Estado de Honduras y también a toda esa lógica neoliberal que abandona las políticas sociales. Porque tenemos una gran crisis en la salud, en la educación pública, tenemos muchas comunidades del país que viven en la extrema pobreza.

Recordemos que este es un país que antes del golpe tenía un 60% de la población en la pobreza, ahora después del golpe llegamos a un 70% y a un 50% viviendo en la indigencia. Son cifras dramáticas.

El golpe, que agravó la situación económica, hizo que muchos hondureños fueran básicamente expulsados del país. Hay un millón de hondureños viviendo en el extranjero, casi el 90% de ellos vive en Estados Unidos.

Con sus remesas aportan casi el 25% del Producto Bruto Interno de la nación. Es decir que nosotros vivimos prácticamente de ese dinero que envían los hondureños en el extranjero. Y eso ha creado la idea de que hay más oportunidades en Estados Unidos.
Pero lo que pasa es que el tránsito hacia ese país es bastante arriesgado y ahora hay una crisis nacional e internacional porque hay miles de niños viviendo en Estados Unidos como inmigrantes capturados por las redes de trata. Esto es consecuencia del abandono total que hay en el país.

El tema de los crímenes contra menores bueno, estamos viviendo en la barbarie. Es algo que el ex presidente Zelaya mencionaba mucho antes del golpe de Estado y decía que si el golpe se consumaba íbamos a volver a la época de las cavernas.

Hay asesinatos incluso entre niños. Hace unas semanas tuvimos la triste noticia de que dos menores de 17 años que cobraban el “impuesto de guerra” (así se le llama a la extorsión que se cobra por brindar seguridad) asesinaron a un niño de 10 porque no pagaba el impuesto. Es cultura nacional la violencia y ahora somos el país más violento del mundo con 23 compatriotas asesinados por día.

La estadística nos pone arriba de países como Irak, Afganistán o Libia. Países que están abiertamente en guerra. Y eso justamente se da por el nivel de descomposición social que se vive después del golpe de Estado.

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